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Luchas en las fronteras de expansión colonial

Desde los primeros días del asentamiento, los esclavos intentaban huir, casi siempre sin éxito, de las áreas bajo control de la Compañía. Los europeos se aventuraban tierra adentro para cazar, practicar el trueque, a veces apoderarse de ganado, o para asentarse; estimulados por las débiles leyes agrarias y quizás malinterpretando las ideas de los khoikhoi sobre el uso y posesión de la tierra. Eran movidos por la falta de oportunidades en la colonia propiamente dicha, o porque como esclavos también querían escapar al control de la Compañía. Por tanto, se adentraron en una zona "fronteriza" ya habitada por el pueblo san, y más al este y al norte por los pastores de habla bantú. Con sus caballos y sus mosquetes cazaban los animales de los cuales dependían los san, y ya para la década de 1880, los asentamientos san se habían visto empujados hacia el norte al otro lado del Río Gariep (Orange), después de un siglo de luchas.

Desde la década de 1770 había existido otra frontera en conflicto a unos 1 000 km al este de Ciudad del Cabo, donde se enfrentaron los khoikhoi y bantúes con intrusos europeos que, al igual que ellos, valoraban la tierra y la utilizaban para sembrar cultivos y pastorear ganado.

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El comercio entre estos dos grupos opuestos (pieles y marfil a cambio de mercancías europeas) contribuyó mucho a moderar las relaciones, como también el impacto de los misioneros que actuaban como árbitros en las disputas. Pero con el tiempo, el robo de ganado a ambos lados de la frontera condujo a una serie de enconadas guerras, en las cuales la superioridad en armamento le dio la victoria a los europeos. Ya para finales del siglo XIX, lograron controlar todo el territorio entre el Cabo y las fronteras de la colonia británica de Natal.

Desde 1836 hasta 1838 las tensiones en la frontera produjeron una segunda y más deliberada emigración de la Colonia del Cabo, denominada la Gran Marcha. Los holandeses junto con sus servidores khoikhoi avanzaron hacia el norte en protesta por la política fronteriza británica y el relativo liberalismo del dominio británico, para establecer repúblicas propias en tierras supuestamente desocupadas. Pero las tierras no estaban deshabitadas, y los holandeses necesitaban tierras ya pobladas porque eran las que tenían agua y mano de obra.

En 1800, el sur de Africa carecía de fáciles rutas de transporte terrestre, con pocos pueblos propiamente dichos, pocos bancos y poco comercio organizado salvo para la exportación de productos animales, especialmente lana. Sin embargo, para 1900 esto había cambiado, fundamentalmente gracias al descubrimiento de diamantes y oro a partir de 1867.
Llegaron compañías de prospección, fundamentalmente británicas, que contrataban mano de obra negra de las regiones pobladas por los africanos: sotho, tswana, zulu y swazi. Luego siguió la apertura de los bancos imperiales y los ferrocarriles.

Se erigieron los barrios negros. Los buscadores peleaban unos con otros y trataban de excluir a los africanos, introduciendo luego complejos cercados para imponer su control. Muchos robaban o contrabandeaban las preciadas mercancías, lo cual amenazaba las ganancias y el orden público.
Se disputó la soberanía sobre los yacimientos de diamantes. Las reclamaciones más poderosas sustentadas en la ocupación eran las de los griquas y rolong, y en términos de acuerdos internacionales las de la República del Estado Libre de Orange. Un mediador británico le concedió el territorio a los griquas.

En 1871, a solicitud de los griquas, Gran Bretaña aceptó el control del territorio conocido como Colonia Real de Griqualand Occidental, ignorando los reclamos de los rolong y las repúblicas boer. Gran Bretaña comprendía el valor estratégico del "camino hacia el norte" a lo largo del borde oriental del Desierto de Kalahari, fácilmente bloqueado por los gobiernos de las repúblicas boer.


El Estado Libre de Orange aceptó un arreglo monetario en 1876, pero el problema de las relaciones interestatales no se resolvió por varias razones, entre ellas, los reclamos por un estrechamiento de las relaciones económicas que el ambiente político no podía tolerar. Los obreros fluían hacia los centros mineros a través de territorio republicano y regresaban con armas de fuego. Se sucedieron enconados enfrentamientos entre las fuerzas coloniales y republicanas entre 1876 y 1881. Este fue el período más sangriento de lucha en la historia sudafricana, durante la cual los reinos negros libraron heroicas batallas en defensa de sus tierras contra boers y británicos por igual.

Pero los africanos también luchaban entre sí por controlar lo que quedaba de sus territorios cada vez más pequeños. Como consecuencia, los reinos africanos al sur del Limpopo cayeron bajo el dominio blanco antes de 1900.
Mientras tanto, a medida que crecía el deseo de las potencias europeas de acceder a Africa, aumentaba también la determinación del gobierno británico de establecer su predominio. Para ello decidió fundir varios territorios separados en una entidad federal de su cosecha que incluía la anexión del Transvaal mediante un golpe de estado en 1877. Los boer lograron frustrar este plan en Majuba en 1881, pero la consolidación de la extracción de oro en Transvaal constituía tal amenaza al equilibrio económico de la región en detrimento de las colonias costeras, que Gran Bretaña decidió debilitar la república, ahora bajo el mando de Paul Kruger, rodeándola.

En octubre de 1899 Paul Kruger declara la guerra a los británicos.


   
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